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El problema de vivir en una sociedad primitiva

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El problema de vivir en una sociedad primitiva es que se consideran buenos y santos; se creen facultados para juzgar, sentenciar y aniquilar con sus lenguas por sus pensamientos. Y se les recuerda que no son ninguna de las dos cosas. Sólo tienen la capacidad de ver, en el espejo de los demás, el reflejo de sus propios demonios. Dr. Juan Lora

Abstente de juzgar aquello que no comprendes

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"Abstente de juzgar aquello que no comprendes, que no has vivido, que no te concierne y que pertenece a la experiencia de otro. La verdadera sabiduría comienza con el respeto al misterio ajeno."

No malgastes tu vida intentando destruir lo que alguna vez fue tu refugio

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  No malgastes tu vida intentando destruir lo que alguna vez fue tu refugio. Si tu alma está envenenada por el resentimiento de una desilusión y persistes en herirte a ti mismo por ellos, prepárate para la doble caída: necesitarás dos ataúdes. Uno para aquello que odias y otro para lo que de ti muere.

La vida es una danza eterna entres razón y sentimientos

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 La vida es una danza eterna entres razón y sentimientos; no puede existir el uno sin el otro.

Te sentiste ofendido, te pedí perdón

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"Te sentiste ofendido, te pedí perdón, dijiste que me perdonabas, pero aun así intentaste herirme más de una vez, tus demonios despertados por la opinión de la gente fueron más fuertes que nuestra amistad."

Por más extensa que sea la noche, el amanecer siempre la alcanza

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  "Por más extensa que sea la noche, el amanecer siempre la alcanza; así también, el amor ignorado y la amistad descuidada no resisten la eternidad: terminan por desvanecerse, como sombras ante la luz."

Se nos ha dado un tiempo valioso para vivir y decidir cómo lo administramos

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Se nos ha dado un tiempo valioso para vivir y decidir cómo lo administramos. Aprovéchalo plenamente. No caigas en la trampa de pensar que vas más rápido que los demás, que tu vida es perfecta o que los otros van detrás. Vive con paz y plenitud. Recuerda que nadie llega solo: siempre se necesita una mano que levante al que está abajo, para que ambos puedan subir un nivel más. Donde no puedas sumar, no restes. Cada día que pasa es un número menos; haz que cada uno cuente.